Los productores advierten de que el acuerdo debe revisarse para evitar ventajas competitivas y garantizar controles efectivos en frutas y hortalizas de terceros países.
El sector hortofrutícola de Almería vuelve a situar en el centro del debate la relación comercial entre la Unión Europea y Marruecos. En plena tensión política en torno a los acuerdos con el país vecino, los productores almerienses piden que la agricultura no sea utilizada como una ficha de negociación, pero sí reclaman una revisión profunda de las condiciones que regulan la entrada de frutas y hortalizas en el mercado comunitario.
La principal preocupación del campo almeriense pasa por la falta de reciprocidad. Mientras los agricultores europeos deben cumplir exigencias laborales, fitosanitarias, medioambientales y de trazabilidad cada vez más estrictas, las producciones procedentes de terceros países acceden al mismo mercado con costes sensiblemente inferiores y con requisitos que, según denuncia el sector, no siempre se aplican con el mismo rigor.
El tomate vuelve a ser uno de los productos más sensibles en esta discusión. Las organizaciones agrarias y representantes de los productores advierten de que el futuro marco comercial debe aclarar el origen real de las mercancías y evitar que producciones procedentes del Sáhara Occidental puedan computar como marroquíes dentro de los acuerdos preferenciales. Para Almería, esta cuestión no es menor: afecta directamente a la competencia en los meses de mayor presencia de hortalizas bajo abrigo en los mercados europeos.
Los agricultores no rechazan el comercio con Marruecos, pero insisten en que cualquier acuerdo debe permitir competir en condiciones equilibradas. El mensaje que trasladan es claro: no se trata de cerrar fronteras, sino de exigir que quien vende en Europa respete estándares comparables a los que se imponen a los productores comunitarios. De lo contrario, sostienen, el modelo agrícola europeo pierde capacidad productiva y rentabilidad campaña tras campaña.
Desde Almería se observa con preocupación la evolución de cultivos que han ido perdiendo peso en determinadas ventanas comerciales. La judía verde y el tomate son citados habitualmente como ejemplos de producciones que han retrocedido por la presión exterior y el aumento de los costes internos. El temor del sector es que esta tendencia alcance también a otras hortalizas estratégicas para la provincia, como el pepino o el calabacín.
Otro de los puntos que más inquieta al sector es el cumplimiento de los cupos y de los aranceles previstos para determinados productos. Los productores consideran imprescindible que la Comisión Europea refuerce los mecanismos de control en frontera y garantice que los volúmenes pactados no se superan sin consecuencias. También reclaman más transparencia en los datos de entrada y una vigilancia efectiva sobre precios, calendarios y origen de la mercancía.
La agricultura almeriense defiende que la alimentación debe ser tratada como un sector estratégico dentro de la política europea. En un contexto de costes elevados, competencia internacional y exigencias crecientes, el campo reclama a Bruselas una posición firme para proteger la producción local, mantener la actividad en origen y asegurar que los consumidores europeos cuentan con alimentos producidos bajo normas claras y verificables.
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