Las cubiertas fotoselectivas empiezan a ganar presencia en el Poniente como apoyo a la lucha biológica ante la presión del Thrips parvispinus y otros insectos que amenazan la campaña temprana de pimiento
El paisaje agrícola almeriense empieza a cambiar de color en algunas zonas del Poniente. Entre el blanco habitual de los invernaderos, cada vez llaman más la atención bandas y ventanas de color rojo instaladas en estructuras que buscan reducir la entrada de plagas en un inicio de campaña marcado por la preocupación de los agricultores.
La novedad responde al uso de mallas fotoselectivas, un material que se está incorporando como herramienta preventiva frente a insectos como el Thrips parvispinus, el trips de los cítricos, la mosca blanca y determinadas orugas. Su función no es sustituir a la lucha biológica ni a otras medidas de manejo, sino sumar una barrera más en un momento en el que la presión de plaga vuelve a ser elevada en cultivos sensibles como el pimiento.
Estas mallas se diferencian de las tradicionales por el efecto que genera su coloración roja sobre la percepción visual de algunos insectos. La industria auxiliar almeriense trabaja desde hace años en este tipo de soluciones, aunque su implantación en la provincia se ha retrasado por las exigentes condiciones de radiación y temperatura de los invernaderos. La estabilidad del aditivo de color era uno de los retos principales para garantizar una vida útil suficiente en el campo.
En la actualidad, empresas especializadas aseguran que el material ya se ha adaptado mejor a las condiciones locales y que puede mantener su capacidad de trabajo durante varias campañas. En el campo almeriense se está extendiendo especialmente la malla antitrips de 10x16, una densidad que busca equilibrar ventilación y protección. Aunque no impide al cien por cien el paso de los insectos, sí reduce la entrada y ayuda a bajar la presión dentro del invernadero.
El interés por estas soluciones llega en un contexto complicado para muchos productores. Las primeras plantaciones de pimiento en zonas como Dalías, Vícar, La Mojonera o el entorno de Tierras de Almería están afrontando ataques importantes de trips, con daños que afectan especialmente a los cuajes más recientes. En algunas fincas, los agricultores ya hablan de pérdidas relevantes en parte de la producción temprana.
El problema no es menor. El Thrips parvispinus se ha convertido en una de las plagas que más inquietud genera en el sector hortícola por su capacidad de multiplicación y por la dificultad de control cuando las poblaciones se disparan. A ello se suma la presencia del trips de los cítricos, que en determinadas zonas está entrando con fuerza y comprometiendo la calidad comercial del fruto.
Los agricultores que han empezado a instalar estas mallas insisten en que se trata de una herramienta complementaria. La fauna auxiliar sigue siendo la base del control en muchas explotaciones, especialmente en fincas ecológicas o en reconversión. Sin embargo, cuando la plaga entra con mucha intensidad desde el exterior, cualquier medida que limite el acceso al invernadero puede marcar diferencias en la evolución del cultivo.
El coste también está influyendo en la decisión de algunos productores. Según trasladan desde el campo, la diferencia económica respecto a una malla convencional no resulta determinante en muchos casos, sobre todo si se valora el impacto que puede tener una pérdida de calidad o de producción en los primeros cortes de campaña. Por eso, varios agricultores están optando por probarlas en bandas, ventanas o zonas concretas antes de extender su uso a toda la explotación.
La imagen es llamativa, pero el objetivo es claramente productivo. El rojo empieza a aparecer sobre los invernaderos no como una cuestión estética, sino como una respuesta más dentro de una estrategia integrada contra las plagas. En un modelo agrícola cada vez más dependiente de la prevención, el cerramiento, la higiene, la fauna auxiliar y la innovación en materiales vuelven a situarse en el centro del manejo.
El sector observa ahora con atención los resultados de estas primeras instalaciones. Si las mallas logran reducir la presión de trips y mejorar la protección de los cultivos tempranos, podrían ganar protagonismo en nuevas renovaciones de cerramientos. De momento, el campo almeriense las está probando con prudencia, consciente de que no existen soluciones milagrosas, pero también de que cada barrera cuenta cuando la plaga avanza más rápido que el cultivo.
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