El avance de la plaga en cultivos de hoja verde y cítricos mantiene en alerta al sector, que reclama coordinación, detección temprana y más herramientas para evitar nuevas pérdidas en el campo almeriense.
El pulgón vuelve a situarse entre las principales preocupaciones del campo almeriense. La rápida multiplicación de la plaga y su capacidad para desplazarse entre parcelas han obligado a reforzar la vigilancia en las explotaciones, especialmente en las zonas productoras del Levante, donde agricultores, técnicos, organizaciones agrarias y Administración tratan de contener un problema que ya está teniendo un fuerte impacto sobre los cultivos.
La dimensión de la afección se mide también por el ritmo al que se están perdiendo plantaciones. En las últimas semanas, el arranque de superficies dañadas para cortar la expansión del insecto alcanza en determinados momentos hasta 250 hectáreas semanales, una cifra que refleja la presión que soportan las explotaciones y el estrecho margen de reacción cuando los focos no se detectan a tiempo.
Los daños se concentran principalmente en cultivos de hoja verde y hortícolas al aire libre, como lechuga, espinaca, apio, col china o brassicas, aunque la preocupación se extiende también a cítricos del Levante almeriense, con especial atención a naranjas y mandarinas. El riesgo no se limita al deterioro directo de la planta: el pulgón puede actuar como vector de virosis, comprometer la calidad comercial y reducir de forma notable la producción aprovechable.
Ante este escenario, el sector insiste en la necesidad de actuar de forma coordinada. La prioridad pasa por localizar cuanto antes los primeros focos, aplicar medidas de manejo en las parcelas afectadas, reforzar el seguimiento técnico y evitar que la plaga encuentre continuidad entre fincas próximas. En una provincia donde la horticultura tiene un peso decisivo en la economía y el empleo, cada semana de retraso puede traducirse en más superficie perdida y en mayores costes para el agricultor.
La situación ha reabierto además el debate sobre la disponibilidad de herramientas fitosanitarias eficaces frente a episodios de esta magnitud. Organizaciones agrarias y representantes del sector vienen reclamando autorizaciones excepcionales y soluciones compatibles con las exigencias europeas, al considerar que la falta de alternativas suficientes deja a muchas explotaciones con poca capacidad de respuesta cuando la presión de la plaga se dispara.
Los técnicos recuerdan que la lucha contra el pulgón no puede basarse únicamente en intervenciones de urgencia. La prevención, el control biológico, la gestión adecuada de restos vegetales, la limpieza de focos y el seguimiento continuo de las poblaciones resultan claves para reducir su velocidad de expansión. En campañas con elevada presión, la toma de decisiones temprana puede marcar la diferencia entre salvar una parcela o tener que levantar el cultivo.
La preocupación supera ya el ámbito estrictamente local. Otras zonas productoras del arco mediterráneo comparten problemas similares, lo que refuerza la petición de una respuesta común y de criterios homogéneos para que los agricultores puedan competir en igualdad de condiciones. Mientras tanto, en Almería la batalla se libra explotación a explotación, con el objetivo de frenar una plaga que amenaza tanto la rentabilidad de las fincas como la continuidad de una parte esencial de la producción hortofrutícola.
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