Qué hacer desde ya en los invernaderos
La Junta eleva el nivel de exigencia frente a la plaga y convierte el arranque de cultivos en una actuación fitosanitaria obligatoria, con sanciones si no se cumple
La agricultura intensiva de Almería entra en una nueva fase. La publicación en el BOJA de la declaración oficial del Thrips parvispinus no es un trámite más: es un punto de inflexión que obliga a cambiar la forma de trabajar en los invernaderos.
La resolución reconoce el impacto creciente de esta plaga —especialmente en pimiento— y establece, por primera vez, un conjunto de medidas obligatorias y verificables que deben aplicar los agricultores para evitar su propagación.
El mensaje es claro: el control del trips deja de ser una recomendación técnica para convertirse en una responsabilidad directa del productor.
El arranque ya no es una labor agrícola: es una intervención fitosanitaria
Uno de los cambios más relevantes es el papel del arranque del cultivo. Hasta ahora, era una fase más del ciclo productivo. A partir de ahora, pasa a ser un momento crítico en el control de la plaga.
La normativa establece un protocolo obligatorio cuyo objetivo es claro: evitar que los restos vegetales actúen como reservorio del trips y reinfecten el siguiente cultivo o las fincas vecinas.
Qué exige la Junta: medidas obligatorias en campo
El protocolo de arranque no deja margen de interpretación y obliga a actuar con precisión:
-Cierre efectivo del invernadero: asegurar bandas y ventanas para evitar dispersión.
-Trampeo masivo obligatorio: instalación intensiva de placas cromáticas en perímetro, con proporción de 2 azules por 1 amarilla y alta densidad.
-Tratamiento previo al arranque: obligatorio antes de eliminar el cultivo, incluyendo la biodiversidad si hay alta presencia.
-Arranque controlado del cultivo: eliminación total de restos vegetales.
-Gestión estricta de residuos:
-triturado e incorporación al suelo o
-transporte en contenedores cerrados a plantas autorizadas
-prohibido abandonar restos o destinarlos a ganado
-Coordinación con agricultores colindantes: obligación de avisar previamente y conservar evidencias.
-Desinfección del invernadero: limpieza completa de estructura y suelo antes del siguiente cultivo.
Estas medidas no son opcionales y deberán ser ejecutadas por los propios agricultores, asumiendo además los costes derivados.
El gran cambio: el control biológico deja de ser opcional
Más allá de las obligaciones, la resolución marca el camino técnico que debe seguir el sector: un modelo basado en control biológico estructurado y anticipativo.
El documento establece protocolos específicos para cada fase del cultivo:
En semilleros
Se prioriza la prevención desde el inicio:
-aislamiento físico (control de accesos)
-uso intensivo de trampas
-implantación de plantas “banker” (cereal y lobularia)
-introducción de hongos y nematodos entomopatógenos
El objetivo es claro: evitar que la plaga entre en el sistema.
En cultivo de pimiento
El trips cambia las reglas del juego. Su comportamiento —refugio en hojas, cáliz y fruto— obliga a replantear estrategias frente a especies anteriores.
Se establece un programa basado en:
-introducción secuencial de ácaros depredadores
-uso de Orius laevigatus desde floración
-alimentación suplementaria para mantener auxiliares
La clave es adelantarse a la plaga, no reaccionar.
En cultivos de primavera (melón y sandía)
La resolución introduce un concepto clave para el agricultor almeriense:
la presión de plaga depende del cultivo anterior.
Por ello, se insiste en:
-correcta eliminación de restos previos
-continuidad del control biológico
-uso de cereal como soporte para fauna auxiliar
Responsabilidad directa y riesgo de sanción
La normativa es clara en este punto:
los gastos derivados de estas medidas recaen sobre el titular de la explotación.
Pero además, el incumplimiento puede ser considerado infracción grave, con sanciones económicas y medidas adicionales como controles o ejecución subsidiaria por parte de la administración.
Un aviso para todo el modelo productivo
El aumento de la incidencia en la campaña 2025/2026, con casos de arranque de plantaciones, ha acelerado una decisión que llevaba tiempo gestándose.
El Thrips parvispinus no es una plaga más. Es una amenaza que pone a prueba la coordinación del sistema agrícola almeriense.
Conclusión: adaptarse o asumir las consecuencias
La resolución no deja espacio para la improvisación.
El agricultor deberá asumir que:
-el arranque es una fase crítica
-el control debe ser preventivo
-la coordinación entre fincas es imprescindible
En un modelo tan interconectado como el de Almería, un mal arranque no es un problema individual, es un problema colectivo.
El sector ya tiene las reglas.
Ahora toca aplicarlas.
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