Ensayos con módulos solares semitransparentes apuntan a descensos de temperatura de hasta cinco grados y a una menor demanda de riego, una línea de trabajo con especial interés para la horticultura bajo plástico de Almería.
La búsqueda de soluciones para producir con menos agua, reducir el estrés térmico de los cultivos y contener la factura energética abre una nueva vía para los invernaderos del sureste español: la instalación de paneles solares semitransparentes sobre las cubiertas. Esta tecnología, integrada dentro del concepto de agrivoltaica, permite combinar en una misma superficie la producción hortícola y la generación de electricidad renovable.
Una investigación desarrollada por la Universidad de Jaén ha analizado el comportamiento de distintos módulos fotovoltaicos semitransparentes en pequeños invernaderos experimentales, donde se realizaron ciclos de cultivo con tomate y lechuga. Los resultados señalan que estos paneles no solo producen energía, sino que también modifican el ambiente interior del invernadero, creando condiciones más frescas y con mayor humedad relativa.
Según los datos obtenidos en los ensayos, la presencia de estas cubiertas solares llegó a reducir la temperatura interior hasta en cinco grados en determinados momentos. Para el agricultor, este efecto puede resultar relevante en periodos de calor intenso, cuando el exceso térmico condiciona el desarrollo del cultivo, eleva las necesidades de ventilación y aumenta el consumo de agua.
La mejora del microclima bajo cubierta también se tradujo en una menor pérdida de agua por evaporación. La investigación estima reducciones importantes en las necesidades hídricas, con diferencias según el tipo de tecnología fotovoltaica empleada. En los módulos de telururo de cadmio el ahorro rondó el 31 %, mientras que en los de silicio amorfo la disminución fue superior al 60 % en las condiciones estudiadas.
Uno de los puntos clave de este tipo de instalaciones está en encontrar el equilibrio entre la sombra que aporta el panel y la luz que necesita la planta. Los investigadores comprobaron que, aunque la radiación disponible para el cultivo se reduce, algunos materiales dejan pasar mejor determinadas longitudes de onda, especialmente las asociadas a los colores azul y rojo, que son utilizadas de forma directa en la fotosíntesis.
El interés para Almería es evidente. Aunque las pruebas se han realizado en Jaén, las condiciones de clima seco, altas temperaturas y elevada presión sobre los recursos hídricos guardan similitudes con las que afronta la agricultura protegida almeriense. En un territorio donde el invernadero es motor económico y referente internacional, cualquier avance que ayude a producir con mayor eficiencia despierta atención entre técnicos, empresas y agricultores.
La aplicación comercial de estas soluciones todavía requiere nuevos pasos. Será necesario evaluar su comportamiento en invernaderos de mayor escala, medir el impacto real sobre rendimiento, calibre y calidad de los frutos, y estudiar la rentabilidad de la inversión en función del ahorro energético, la generación eléctrica y la posible reducción del consumo de agua.
La agrivoltaica se perfila así como una herramienta con potencial para modernizar la agricultura bajo plástico. No sustituye a otras estrategias de manejo climático, pero puede complementar sistemas de ventilación, blanqueo, pantallas, riego eficiente y autoconsumo energético. Para el campo almeriense, acostumbrado a innovar para seguir siendo competitivo, el sol podría convertirse no solo en un reto climático, sino también en parte de la solución.
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