“Es momento clave para proteger tallos y cuello del injerto”
La campaña de sandía ya está en marcha y con ella aparece uno de los riesgos sanitarios más importantes en fases tempranas del cultivo: la Mycosphaerella en tallos y zona del injerto.
En este momento, cuando la planta está recién establecida y las rastras comienzan a desarrollarse, es fundamental actuar haciendo una instalación previa del hongo beneficioso contenido en G46, especialmente en el cuello del injerto para el caso de sandía, zona especialmente sensible debido a la cicatriz resultante del proceso de injertado sobre pie de calabaza.
¿Por qué es crítico este momento?
La sandía injertada presenta un punto estructuralmente más vulnerable: la unión entre patrón y variedad. Aunque no hablamos de una herida activa, sí existe una cicatriz fisiológicamente más sensible, donde los hongos oportunistas pueden establecerse si las condiciones de humedad son favorables.
La Mycosphaerella puede provocar necrosis en tallos jóvenes, debilitamiento de las primeras rastras, pérdida de vigor y en casos graves, muerte prematura de planta.
En esta fase inicial aún no hay fruto, por lo que el enfoque debe centrarse exclusivamente en protección de tallos y zona basal para melón y sandía.
El hongo beneficioso presente en G46 (Clonostachys rosea) ejerce su acción a través de varios mecanismos complementarios. En primer lugar desarrolla un parasitismo directo, colonizando y degradando las estructuras del patógeno mediante la liberación de enzimas específicas con actividad antifúngica. Además, compite activamente por espacio y nutrientes en la superficie vegetal, limitando la capacidad de establecimiento del hongo patógeno.
A ello se suma su capacidad de persistencia en el tejido vegetal sano, donde permanece activo durante un periodo prolongado, generando un efecto protector continuado y dificultando nuevas infecciones a través de heridas.
En cultivos hortícolas como pepino ya se ha demostrado la eficacia por la aplicación del formulado existente con PRESTOP estos últimos diez años. En sandía, aparece la posibilidad de aplicar G46 dado su nuevo registro fitosanitario, que incluye este cultivo, aplicado correctamente en el establecimiento del cultivo, su papel es clave como protector haciendo un control biológico de la zona crítica del injerto y primeras rastras.
Estrategia de aplicación en sandía y melón
En esta fase temprana se recomienda:
-Aplicación foliar dirigida a rastras en crecimiento y cuello (injerto en el caso de sandía) asegurando un buen contacto.
-Dosis: 50 g por cada 100 litros de agua.
-Frecuencia: Cada 15 días para asegurar instalación previa del hongo beneficioso en todo el crecimiento de la planta, y se adelantaría a 7 días si existe presión de enfermedad o condiciones ambientales muy adversas.
Es importante recordar que se trata de un producto técnico. La eficacia depende del momento de aplicación, las condiciones ambientales y compatibilidades (consultar tabla técnica antes de mezclar).
Una de sus ventajas es su alta compatibilidad con otras herramientas del manejo integrado, lo que facilita su integración en estrategias de residuo cero.
Persistencia y rentabilidad
El microorganismo de G46 presenta una persistencia aproximada de hasta un mes en hoja y tejido vegetal, lo que aporta tranquilidad al agricultor y permite optimizar la inversión realizada en control biológico.
En un contexto donde las materias activas convencionales son cada vez más limitadas y la presión normativa aumenta, el uso de herramientas biológicas como esta no solo es una alternativa, sino una necesidad estratégica para mantener la sanidad del cultivo sin comprometer la comercialización.
La prevención temprana marca la diferencia entre un cultivo estable y uno con problemas estructurales en fases avanzadas.
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