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¿Cómo hacer frente a la ola de frío en nuestros cultivos?

Aunque la ola de frío ha pasado y parece que las bajas temperaturas han quedado atrás, el frío es un elemento a tener muy en cuenta porque puede generar muchos problemas a los cultivos. Es importante saber cómo hacerle frente.

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La cobertura de los seguros incluye heladas, lluvia y granizo, por lo que las asociaciones y sindicatos agrarios recomiendan tener la cosecha asegurada, con el objeto de no echar a perder el trabajo de tantos meses. Las asociaciones agrarias insisten en que estas pólizas de seguros son algo de gran trascendencia y en que siempre hay que contratarlos con personal especializado, para que la póliza tenga buena cobertura y no se encuentren sorpresas desagradables en caso de que se produzca un deterioro de la cosecha. Los daños por heladas son bastante frecuentes, pero, cuando la finca está asegurada, se obtiene una indemnización, para no agravar aún más las pérdidas.

Qué es exactamente una helada y qué daños acarrea

Las heladas se producen a partir de los 0°C, antes de eso sólo ocurren enfriamientos, que también son perjudiciales ya que, las bajas temperaturas pueden ralentizar el crecimiento de las plantas e incluso hacer que se llegan a romper. Un ejemplo de enfriamiento es el que provocan las gotas de rocío que se forman en las hojas. Esto ocurre a partir de los 5°C y puede causar daños en brotes, hojas y flores cuando las gotas se evaporan.

Hay una relación inversa entre la precocidad de una variedad y su resistencia a las heladas: a mayor precocidad de una planta, menor es su resistencia. Los daños provocados por las heladas y los enfriamientos varían según el tipo de planta, de la especie y de la variedad. Además, en función del daño que se produzca, pueden tener un efecto drástico para la planta entera o afectar solamente a una pequeña parte del tejido de la planta. La helada puede producir un daño directo (cuando se forman cristales de hielo dentro de las células, la conocida como helada negra) o indirecto (si es una helada extracelular, conocida como helada blanca). El primero es el más peligroso ya que, si es muy extenso, puede llegar a causar la muerte de la planta. La extensión del daño depende sobre todo de la rapidez y la intensidad del enfriamiento antes de congelarse.

Por otra parte, las heladas pueden producirse de dos maneras y, según cómo se generen, los efectos serán unos u otros:

1.- Heladas de advección. Ocurren cuando viene una masa de aire muy fría, que hiela la planta por contacto. Para proteger los cultivos de este tipo de helada hay que cerrar totalmente el invernadero, así no entrará el aire frío. También puede resultar favorable cubrir los invernaderos con doble techo de plástico o mantas térmicas. Hay quien usa calefacción o riega el suelo del invernadero por la noche, para aumentar la capacidad calorífica del suelo y la conductividad térmica, aunque no son soluciones tan habituales.

2.- Heladas por radiación. Suceden cuando el suelo ha ido perdiendo calor durante la noche. Se ha producido inversión térmica, algo que ocurre cuando las capas más bajas del aire están más frías que las altas y la temperatura del aire dentro de los invernaderos es menor que la del exterior. Para evitar este tipo de heladas, es conveniente dejar abierta la banda de la zona más baja, para que el aire no se estanque. También funciona el uso del plástico térmico, que delimita la pérdida de calor por radiación dentro del invernadero.

La prevención como medida para frenar los daños

A las medidas mencionadas anteriormente (cerrar las bandas aunque no del todo, para evitar la inversión térmica; regar los suelos…) se suman otras como, por ejemplo, ventilar el invernadero por las mañanas. Así se extrae la humedad y se evitan enfermedades fúngicas. También es muy importante tener un seguro agrario, para que no haya demasiadas pérdidas y se cubran los daños cuando la prevención no haya sido suficiente. 

08/02/2017 -

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